¿Qué hay de nuevo? Velázquez. Exposición temporal en la Sala de las Loggias del Teatro-Museo Dalí

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Exposición temporal en la Sala de las Loggias del Teatro-Museo Dalí

En ocasión de la remodelación de la Sala de las loggias del Teatro-Museo Dalí de Figueres, se ha presentado una exposición temporal en la que se destaca el diálogo creativo que Dalí mantiene con la obra de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660), uno de los clásicos de la historia del arte.

El título de esta muestra temporal se ha extraído del escrito del año 1976, Eureka, en el que Salvador Dalí afirma: "Desde el impresionismo, toda la historia del arte moderno se ha centrado en un único objetivo: la realidad. Cosa que nos puede llevar a decir: ¿Qué hay de nuevo? Velázquez."

La exposición que titulamos ¿Qué hay de nuevo? Velázquez consta de once pinturas ejecutadas entre 1960 y 1982. Dalí reinterpreta algunas obras del pintor sevillano, la mayoría de las cuales pertenecen a los fondos del Museo del Prado, de Madrid: La infanta Margarita de Austria (circa 1665, hoy atribuida a Juan Bautista Martínez del Mazo), El bufón Calabacillas (1635-39), El bufón Don Sebastián de Morra (1643-49) y Las meninas o la familia de Felipe IV (1656). Dalí también se inspira en el óleo Cristo y el alma cristiana (1628-29) perteneciente a la colección de la National Gallery de Londres.

La influencia del pintor sevillano se refuerza con el Busto de Velázquez metamorfoseándose en tres personajes conversando (expuesto habitualmente en la Sala Palacio del Viento). En el lugar que antes ocupaba este busto, ahora se expone una composición inédita de Dalí (circa 1982) realizada sobre las cubiertas de un libro dedicado a Velázquez (Enrique Lafuente, Velazquez, Phaidon, Oxford University Press, London, New York, 1943).

Debemos recordar también que el testimonio de Velázquez en el Teatro-Museo no termina aquí. En la zona del taller de la Sala Palacio del Viento, podemos contemplar el holograma ¡Holos! ¡Holos! ¡Velázquez! ¡Gabor! Si tenemos en cuenta que el interés de Dalí por la holografía es conseguir un realismo estético, no es extraño que Las meninas y su autor constituyan la base del primer experimento del pintor en esta técnica.

¿Qué hay de nuevo? Velázquez

El interés del figuerense por el maestro del arte barroco no es nueva. Viene de lejos. Velázquez, en efecto, es uno de los "Grandes Maestros de la Pintura" sobre los que Dalí escribe en la revista escolar Studium en 1919. Y esta fascinación persiste a lo largo del tiempo: en la casa de Portlligat, podemos ver un retrato de Velázquez -que forma parte de una galería de personajes con bigotes- y, en una de las paredes del taller, una reproducción cuadriculada de Las Meninas era testimonio del trabajo diario del pintor.

La pasión velazqueña también se hace evidente en el tratado de Dalí 50 secretos mágicos para pintar (1948), en el cual el sevillano tan solo es superado por Vermeer en una tabla comparativa que confecciona Dalí. Pero, es sobre todo a partir de los años cincuenta, cuando esta presencia e influencia se multiplica y se evidencia en los escritos y las obras del pintor ampurdanés.

Dalí sin duda apreciaba la costumbre de Velázquez de representarse pintando en el mismo lugar de la escena. Durante la época surrealista, la ambición del pintor consiste en materializar con gran precisión las imágenes de la irracionalidad concreta, afirmando que los medios de expresión pictórica debían ponerse al servicio de este tema. En La conquista del irracional, Dalí afirma: "A medida que las imágenes de la irracionalidad concreta se acercan a la realidad fenoménica, los medios de expresión correspondientes se acercan a los de la gran pintura realista -Velázquez y Vermeer de Delft-, para pintar de forma realista según el pensamiento irracional, según la imaginación desconocida."

Años más tarde, el pintor relaciona su teoría de la mística nuclear con el tratamiento de la forma y del color en Velázquez. Sin embargo, es el naturalismo del pintor sevillano el que, insistentemente, se convierte en uno de los puntos de referencia del artista ampurdanés. Velázquez es una constante en su obra: aparece cada vez que Dalí se plantea un nueva etapa, un paso adelante en su trayectoria artística, tanto en el campo compositivo como en el campo conceptual.

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