Segura de la imagen que quiere proyectar, Gala encuentra en la moda una forma de expresión y de autodescubrimiento, legítima y poderosa, que le permite añadir matices a la leyenda que aspira a ser. Desde un segundo plano escogido, Gala sobresale en el arte del camuflaje: se disfraza de musa y de modelo, pero también es mujer de negocios, colaboradora y performer cuando el momento lo requiere.
El recorrido por los fondos documentales del Centro de Estudios Dalinianos y por el armario de Gala nos permite descubrir a la femme dandi del París de las vanguardias, vestida con el estilo Chanel que tan bien representa a la mujer liberada y práctica que ella es. Asimismo encontramos una Gala más transgresora que, en los años treinta, apuesta por los diseños de Elsa Schiaparelli, siguiendo una estrategia ideada para publicitar la colaboración de Salvador Dalí con la couturière italiana. Durante la etapa americana, le atraen especialmente los diseños de Arthur Falkenstein —la etiqueta estadounidense favorita del círculo artístico—, aunque recurre puntualmente a Howard Greer cuando quiere parecer una estrella de Hollywood. Más adelante, pasa de la comodidad andrógina al encorsetamiento público de su figura. Con las creaciones de Christian Dior, se vestirá de flor para proyectar una feminidad cautivadora.
Durante los años cincuenta y sesenta, Gala atesora diseños de los autores más relevantes del momento, como Hubert de Givenchy, Jean Dessès, Oleg Cassini, Emilio Pucci o Pierre Cardin, así como exuberantes y deslumbrantes piezas de bisutería de Mimi di Niscemi y Kenneth Jay Lane. Más tarde, en los setenta, se decanta por creaciones de aire oriental y bohemio, firmadas por Marc Bohan (para Dior), Michel Goma (para Lanvin) y Elizabeth Arden, pero también por piezas más atrevidas, como la americana de Maurice Renoma, que sirve de estímulo creativo a Salvador Dalí para la realización de una de las últimas obras que otorgan a Gala un lugar central en la composición: Batalla en las nubes (c. 1979).
En definitiva, el archivo de moda de Gala, conservado en los fondos de la Fundación Gala-Salvador Dalí, es un espejo de la cultura y la sociedad de su tiempo. Su legado nos habla de identidad, pero también de artesanía, maestría, herencia, creatividad. Diseños de alta costura de los autores más prestigiosos del siglo XX, como Elsa Schiaparelli, Christian Dior, Jean Dessès o Hubert de Givenchy, conviven con creaciones prêt-à-porter de Oleg Cassini, Pierre Cardin, Maurice Renoma o Loewe, así como con varias piezas sin etiqueta que nos recuerdan que la imagen de Gala va más allá de la marca: es el reflejo de una personalidad única y libre que por encima de todo fue siempre fiel a sí misma.






