Desde su encuentro en Cadaqués, en 1929, Gala desempeña un papel crucial en la trayectoria de Salvador Dalí. Desde muy pronto, se convierte en su mano derecha y lo dispone todo para que él pueda dedicarse exclusivamente a crear: le organiza la agenda, ejerce como representante, se ocupa de la gestión de proyectos expositivos, editoriales y artísticos de diverso tipo y, a veces, colabora también en su realización, como en el caso del pabellón de Sueño de Venus para la Feria Mundial de Nueva York de 1939 y en el de la autobiografía Vida secreta de Salvador Dalí,de 1942, que ella se encarga de corregir y pasar a limpio.

Sin el amor, sin Gala, yo no sería Dalí. Esta es una verdad que nunca dejaré de proclamar y vivir. Ella es mi sangre, mi oxígeno.

Salvador Dalí y André Parinaud, Comment on devient Dalí, París, Robert Laffont, 1973

Sin duda, el papel de musa y modelo ha marcado para siempre la imagen que todos tenemos de Gala, al tiempo que ha limitado nuestra percepción de lo que significó realmente. A diferencia de lo que pueda parecer, Gala no es una musa sumisa, sometida a los deseos del gran artista: es el testimonio privilegiado de la creación daliniana y también el ojo crítico que evalúa su calidad antes de que el tiempo determine su trascendencia. Más aún, es un ser cultivado y dotado, capaz de estimular la creación artística. En palabras de Dalí, Gala es la abeja que descubre y le lleva todas las esencias que se convierten en la miel de su pensamiento. Y es quien teje infatigablemente la tela de Penélope de su desorden. «Porque Gala siempre ha sabido mejor que yo», escribe Dalí, «lo que necesito para trabajar». De hecho, es en gran parte gracias a ella, la abeja recolectora que acumula y ordena las mieles y los frutos del pensamiento daliniano, que la Fundación Gala-Salvador Dalí atesora hoy en sus reservas los fondos más extensos de documentación y obra daliniana.

Por todo ello, Gala es una parte fundamental de lo que se conoce como el binomio Gala-Salvador Dalí. Una especie de alianza creativa y vital que los incluye a ambos y que abarca también los espacios que imaginaron, construyeron y habitaron. No es casual que, ya a comienzos de la década de los treinta, el artista firme muchas de sus mejores obras con la doble firma; al contrario, esta es la forma que Dalí tiene de evidenciar la esencial contribución de Gala a su éxito: «Firmando mis cuadros Gala-Dalí no he hecho otra cosa que darle un nombre a una verdad existencial, ya que sin mi gemelo Gala yo no existiría».1  

Aunque la historia a menudo ha minimizado la implicación de Gala en el proyecto daliniano, lo cierto es que muchas personas cercanas a la pareja supieron reconocer el papel decisivo que tuvo en relación con el artista. El fotógrafo húngaro Gyula Halász, más conocido como Brassaï, se refería a la influencia de Gala en su libro Conversations avec Picasso: «En cuanto a Gala, amante, inspiración, maestra, musa y mujer de negocios a la vez, tomó las riendas del «fenómeno Dalí»; su gran éxito [de Dalí] es, en gran parte, obra suya [de Gala]».2 Julien Levy, galerista de referencia de Dalí en América durante los años treinta, explica en su autobiografía la impresión que le causó Gala durante un encuentro en París: «Me pareció que Gala estaba haciendo más por guiar que por dispersar este misil maníaco, y la creí cuando dijo que ella no quería nada más que la «oportunidad» para Dalí».3 También el escritor Josep Pla habla de ella como de una «influencia decisiva» en la cuarta serie de sus Homenots: «Todo conduce a pensar que esta señora lo ayudó mucho y desde todos los puntos de vista. Incluso si el artista no hubiera manifestado su agradecimiento innumerables veces, el hecho sería absolutamente obvio».4 


1 Salvador Dalí y André Parinaud, Comment on devient Dalí, Robert Laffont, París, 1973.
2 Traducido de Brassaï, Conversations avec Picasso, París, Editions Gallimard, 1964, p. 42. 
3 Traducido de Julien Levy, Memoir of an art gallery, Nueva York, G.P. Putnam’s Sons, 1977, p. 74.
4 Josep Pla, Obra completa, Barcelona, Ediciones Destino, 1982, XXIX, p. 191-192. 

[…] vivimos como todos los artistas, trabajamos por lo más importante: la posibilidad para un talento de expresarse.

Borrador de una carta de Gala a su padre, c. 1945

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