Cuando Gala hace su aparición en la vida de Salvador Dalí, en el verano de 1929, es una de las musas más reconocidas del surrealismo. Su influencia es tal, que, cuando un miembro del grupo obtiene éxito con un trabajo, de inmediato corre el rumor de que ha sido así porque se ha enamorado de ella. Lo cierto es que, en aquel momento, poetas, pintores y fotógrafos ya le han consagrado algunas de sus mejores obras. Su marido, Paul Éluard, el poeta más apreciado de los surrealistas, le dedica los versos más cautivadores y oscuros. El pintor Max Ernst la incluye en la obra Au rendez-vous des amis (1922), retrato colectivo del grupo surrealista en el que ella es la única mujer representada. El pintor metafísico Giorgio de Chirico elogia y ensalza su inteligencia, y Man Ray la inmortaliza en una de las fotografías más reveladoras y recordadas de Gala, que en 1930 será incluida en el folleto promocional y el libro La Femme visible (La mujer visible) de Salvador Dalí.

Y ella quería algo —algo que sería la consumación de su propio mito—. Y lo que ella quería era algo que, según empezaba a pensarlo, ¡acaso sólo yo podría dárselo!

Salvador Dalí,The secret life of Salvador Dalí, Nueva York, Dial Press, Nueva York, 1942

ACon su mirada incisiva y dotada de una gran intuición, Gala enseguida percibe en Dalí el gran artista que puede llegar a ser y vislumbra con claridad la posibilidad de consumar su propio mito. Por eso, no duda en abandonarlo todo —esposo, hija, una vida acomodada en París— para dedicarse en cuerpo y alma a impulsar la carrera del prometedor artista y procurarle la confianza en sí mismo que necesita para convertirse en el renovador del movimiento surrealista y en uno de sus máximos exponentes. El artista, a cambio, la convierte en la protagonista, y destinataria, de sus mejores obras.

El recorrido por la creación daliniana proyecta una imagen de Gala siempre diferente, escurridiza. En un juego de máscaras infinito, Gala es muchas Galas: es Gradiva, la heroína misteriosa de la novela de W. Jensen que avanza señalando el camino; es la esfinge que, bajo la piel, custodia el secreto de Dalí; es el objeto de deseo, la espalda eterna, la serena perfección de una arquitectura del Renacimiento; es Leda atómica, la madona de Portlligat; es fortaleza… Pero todas estas máscaras no son más que un espejismo, un trompe-l’œil. La mujer visible, mitificada y sacralizada, oculta a la mujer real, de carne y hueso, que trabaja infatigablemente en su proyecto más ambicioso: quiere pasar a la historia como una leyenda.

Más sobre Gala

Descubre las múltiples facetas de Gala: musa, mujer culta e inquieta, figura visible y enigmática, creadora de un universo estético propio y elemento consustancial a la personalidad de Salvador Dalí. Te revelamos algunos detalles poco conocidos de su vida, una obra en constante transformación que nunca deja de reinventarse.

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